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viernes, 30 de junio de 2017

Los actos terroristas pudieron ser vaticinados en 2011

Por DesdeCuba

Tal parece que existen personas con la capacidad de adivinar el futuro y el mérito se torna mayor cuando se prevé sobre el estado del mundo. O quizás solo estemos frente a una persona que solamente se atrevió a decir lo que muchos otros sabían pero en aquel momento callaban y ahora se lamentan, o al menos eso dicen. En base a lo anterior es posible decir que las consecuencias de los actos terroristas que han sufrido ciudades como Berlín, París, Bruselas, Londres y Manchester son en última instancia responsabilidad de los gobiernos nacionales que apoyaron las actividades desestabilizadoras en el medio Oriente.

El Medio Oriente es, la región más convulsa del planeta. En ella de desarrollan un buen número de conflictos armados que a diario cobran la vida de decenas de personas. Pero lo que hoy sucede no es resultado de una fuerza divina o algo sobrenatural (aunque bien podría catalogarse de esa forma la ambición de las grandes corporaciones); sino de la propia acción del hombre, especialmente de las potencias occidentales: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania y otros tantos que apoyan sus acciones y políticas hacia la región.

El conflicto que tiene lugar en Siria es parte de una cadena que comenzó con Irak y continuó con Libia, curiosamente países integrantes del llamado “Eje del Mal” y con una cantidad considerable de reservas de hidrocarburos. Pero no es a las ya más que conocidas causas económicas de estos conflictos a las que nos referiremos, sino a la visión a largo plazo de uno de los líderes de estos tres eslabones y a la confirmación, al pie de la letra, de sus predicciones.

Nos referimos a Muammar Al-Gaddafi, presidente de Libia por varias décadas. En marzo de 2011, en entrevista a Russia Today, el líder libio expresó: “Yo personalmente juego un papel estabilizador en la región de África. Si la situación en Libia se desestabiliza, Al Qaeda mandará aquí. Libia se convertirá en el segundo Afganistán y los terroristas llenarán Europa.” El hecho de que Gaddafi haya sido acusado de violaciones de los Derechos Humanos y de reprimir a la oposición interna no demerita la visión a largo plazo que demostró al pronunciar la frase anterior.

Las consecuencias de los actos terroristas que han sufrido ciudades como Berlín, París, Bruselas, Londres y Manchester son en última instancia responsabilidad de los gobiernos nacionales que apoyaron las actividades desestabilizadoras en el medio Oriente. Solamente debe recordarse que con anterioridad a dar el paso que involucró aún más a estos gobiernos en la crisis del área el terrorismo existía y operaba en la zona; sin embargo, en el viejo continente no sufría tanto como ahora.

Libia desempeñaba un papel fundamental en la región. Era un país estable y próspero y no un Estado fallido como es ahora. Anteriormente, era capaz de contener la migración ilegal hacia Europa, o al menos dificultarla y no constituía un terreno prácticamente libre para los terroristas como lo es actualmente. De la misma forma, existía un gobierno que combatía el terrorismo, pues no le convenía la desestabilización del área para la tranquilidad de su industria petrolera; al mismo tiempo que podía ser requerido y vinculado por los mecanismos internacionales que combaten el flagelo. Actualmente todas esas garantías no existen, pues los representantes de la OTAN, protagonistas de la aniquilación del Estado libio, prefirieron dividir el país para que las transnacionales petroleras obtuviesen los demandados hidrocarburos, en años en que el barril cotizaba cercano a los 100 dólares, garantizando de esta forma ganancias enormes a las compañías. Todo esto con pleno conocimiento de las consecuencias que tendría para la seguridad de Europa.

Con este enfoque, suena un poco falto de honestidad las declaraciones de muchos políticos que dicen querer lo mejor para los europeos, pero no están dispuestos a modifican nada en lugar de origen de los problemas, los cuales no son ni de cerca las estrategias de seguridad interna ni las restricciones fronterizas. Estas han demostrado su ineficiencia hasta el momento y lo seguirán siendo. Entonces, bien podría asegurarse que los gobiernos europeos y de Estados Unidos hicieron una transacción donde vendieron la seguridad de sus ciudadanos por las ganancias de las grandes petroleras, del complejo militar-industrial y de las empresas privadas de seguridad.

Aunque para algunos sea un criterio muy fuerte, es la visión que muchos tienen del asunto. En tanto otros son un poco más moderados y si bien defienden la teoría de la transacción, añaden que no se calcularon bien las consecuencias. En ese caso, parte de la culpa se dejaría en las agencias de inteligencia militar, las que gastan miles de millones del presupuesto estatal con resultados que al parecer no son los más fidedignos.

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