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viernes, 9 de junio de 2017

Los ciudadanos de Barcelona declaran la guerra al turismo masivo

Por Miguel Darío García

Como un fenómeno novedoso se puede describir lo que se ha venido en llamar “turismofobia”. Este sentimiento ha demostrado una fuerte presencia en los habitantes de Barcelona, ciudad en la que podemos encontrar -pintados en las fachadas de algunos barrios-, pegatinas como esta: "El turismo mata a la ciudad". Al igual que otras que tampoco dan muy buena acogida: "Turist, go home" (Turista, vuelve a casa), "Gaudí hates you" (Gaudí te odia) o "Parad de destrozar nuestras vidas". Los autores son residentes o colectivos de vecinos hartos de la presencia masiva de turistas, quienes exigen a las administraciones que regulen la actividad del sector turístico. Para estos miembros de la comunidad el turismo masivo destruye el equilibrio y la capacidad de carga de su ciudad, ya que los visitantes y la población local comparten recursos y el mismo espacio público

Aunque no es la primera vez que los barceloneses expresan las molestias que les ocasionan los turistas, sí resulta notable señalar que el incremento de las llegadas durante la última década ha acrecentado la situación. Para tener una idea sobre la invasión de turistas a Barcelona se debe conocer que fue la décimo segunda ciudad más visitada del mundo en 2016 y la tercera de Europa, solo superada por Londres y París. El índice sobre destinos turísticos que publica anualmente MasterCard revela que la ciudad con una población de 1,5 millones de habitantes recibió más de 8 millones de turistas en sus hoteles el año pasado. Pero también el diario británico The Independent incluyó a Barcelona en otra sui generis lista, al ubicarla entre las 8 ciudades que más odian a los turistas. Tal avalancha turística ha conllevado a la huida de muchos habitantes hacia a las afueras de la ciudad.

Los barceloneses se quejan de que cada vez es más difícil encontrar comercios o restaurantes tradicionales en sus barrios y lamentan la falta de educación de algunos turistas. Para colmo tales indeseados huéspedes no benefician a la urbe, pues vienen en vuelos económicos, se hospedan en lugares baratos y beben y comen en la calle. Esta forma de hacer turismo, muy común entre los viajeros más jóvenes, provoca otro fenómeno, el de la "turistificación", que alude al impacto que tiene la masificación turística en el tejido comercial y social de determinados barrios o ciudades.

Como parada al fenómeno el Ayuntamiento de Barcelona aprobó en enero un plan que detiene la apertura de nuevos hoteles en las zonas turísticas de la ciudad y algunas adyacentes, permitiendo que estos establecimientos se instalen en áreas más alejadas del centro, para tratar así de distribuir a los visitantes por toda la ciudad. Esta medida -que no tiene precedentes en Europa, puesto que prohíbe la apertura de nuevos hoteles aunque desaparecieran los existentes- se aprobó un año y medio después de que, a los pocos días de llegar al poder, la alcaldesa de la ciudad, Ada Colau, dictara una moratoria de nuevas licencias para alojamientos turísticos (hoteles, albergues y pisos turísticos). En agosto de 2016 el gobierno de Colau envió a los vecinos de Barcelona una polémica carta pidiéndoles que denuncien los pisos turísticos ilegales y la ciudad cuenta ahora con un grupo de inspectores que se dedican a comprobar que los que alquilan sus viviendas a turistas tienen licencia.

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