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jueves, 6 de julio de 2017

El joystick-volante y un mundo sin desigualdad

Por Yordan

En el mundo de hoy, entre el destiempo y las urgencias, conducir es una necesidad de primer orden, y a esta máxima se aferran un grupo de personas de ciencia, quienes brindan a través de un novedoso proyecto la posibilidad de manejar a discapacitados que no pueden coger un volante o pisar un embrague. Se trata de la Fundación Once, la empresa Ilunion y la Universidad Politécnica de Valencia, que desarrollaron un sistema para manejar un vehículo con un joystick, casi idéntico al que se usa en  las sillas de ruedas electrónicas, pero con la capacidad de funcionar en un artefacto de más de dos mil kilogramos de peso.

Los implicados ajustaron el sistema a una furgoneta Mercedes Sprinter, que fue puesta a disposición de las autoescuelas, para que este grupo de personas tenga la posibilidad de examinar en busca del carné de conducir, como el resto de la población que dispone de todas sus capacidades. Para Joaquín Leizaola, director gerente de Ilunion, este proyecto tuvo varias fases, aunque no empezaron con las manos vacías ya que existía una tecnología alemana que se acercaba a las prestaciones que se necesitaban.

La duración del proyecto fue de casi un año, en el que los técnicos de la Once y los expertos de la Politécnica de Valencia trabajaron para donar este automóvil a las autoescuelas, que no pueden gastar una meritoria suma de dinero en una adaptación tan compleja que solo será usada por unas pocas personas.

En materia técnica, la furgoneta posee una plataforma para que el discapacitado acceda al vehículo, con un mecanismo para que la silla de rueda se acople y quede anclada al puesto del conductor. Sin embargo, el salpicadero, los pedales y el cambio son los que vienen de serie, pero la única modificación a simple vista, por supuesto luego de la ausencia del sillón del piloto, es la presencia de un joystick flotante a la derecha del volante.

Resulta interesante la posición entre los dos asientos de las cajas que albergan el Centro de Gestión, la verdadera joya de la inversión, con sistemas triplicados para no dar lugar a falla alguna, o simplemente, ante cualquier eventualidad, reducir por seguridad la velocidad a 60 kilómetros por hora.

Sucede que las adaptaciones pueden ser flexibles. Según el directivo, solamente hace falta instalar los dispositivos necesarios que suplan las funciones en dependencia del grado de discapacidad. Los controles pueden pasarse a las manos o a los pies, dependiendo de la afección del conductor. 

Según Leizaola, para adaptar un coche hay que instalar los dispositivos necesarios para suplir aquellas funciones que necesita el discapacitado, pasándolas a las manos o, incluso, a los pies a través de códigos armonizados. Añadió que todo depende del grado de afección que sufra el conductor, o sea, más o menos como un traje a la medida. De cualquier forma, los cambios en el sistema son más electrónicos que mecánicos, y se atienden fundamentalmente las funciones primarias del vehículo.

Pero esta iniciativa no es la única que ha explorado este mercado. Entre muchos ejemplos puede destacarse la implementación en suelo europeo del Sistema Mecatrónico de Aceleración y Freno para Discapacitados (SIMAFRED) que permite la conducción, de un vehículo de transmisión automática, a personas con dificultades en sus extremidades inferiores.

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2017-07-06 15:29:52
Es una buena iniciativa, y es buena noticia que una universidad colabore. Hacen falta más proyectos de este tipo, que ayuden a los que lo tienen más difícil

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