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jueves, 13 de julio de 2017

El tratamiento de problemas sexuales con robots

Por Gustav98

La vida sexual de las personas es un elemento primordial para el buen desarrollo de estas. Los problemas sexuales siempre tienen una marca influencia sobre el desarrollo de la personalidad del individuo, de ahí que se hayan desarrollado todo tipo de técnicas para dar tratamiento a los problemas en la vida sexual. Una de las soluciones más novedosas y cuestionadas es el uso de los robots sexuales. Sobre el tema las opiniones de la comunidad científica están divididas. Para aquellos que se oponen a la idea del tratamiento de enfermedades relacionadas con la práctica sexual haciendo uso de robots, los principales aspectos negativos se sitúan en la esfera ética y en la capacidad terapéutica real de estos androides.

Quizás para muchos esta sea la primera vez que escuchan hablar de semejante práctica, pero no es esta la primera versión de este tipo de terapia. Los antecedentes de la práctica los podemos encontrar en el uso de muñecas hinchables que servía para satisfacer las necesidades sexuales. Sin embargo, el asunto entonces era menos complicado. Las muñecas inflables, lógicamente, eran incapaces de transmitir emoción alguna, cosa que ha cambiado con la introducción de los robots, algunos de los cuales son capaces de tener orgasmos.

El uso de los androides para temas sexuales se encuentra en expansión. Los robots sirven para satisfacer las necesidades sexuales de un grupo de personas a quienes les resulta difícil conseguirlas; nos referimos a personas mayores, discapacitadas o aquellas que han sufrido traumas sexuales y los usan como alternativa. Si bien hasta este punto no parece haber ningún tipo de problema todo cambia cuando entra en la escena otros padecimientos como la pedofilia y los trastornos psiquiátricos de los violadores.

Según especialistas en el tema como Noel Sharkey, profesor de robótica de la Universidad de Sheffield (Reino Unido), el uso de estos robots pudiese fortalecer la cosificación de las mujeres. Esto significaría un retroceso siglos para la humanidad, pues la visión de la mujer únicamente como un objeto sexual ha sido superada en la mayoría de los países. Además, la eliminación de tan absurda creencia es un logro que ha costado mucho esfuerzo a las féminas. De igual forma, se cuestiona la ética de las firmas que comercializan robots con aspectos de niños para satisfacer a los pedófilos. Al respecto muchos opinan que lejos de controlar o erradicar los abusos a los menores, con estos objetos se incentiva esta práctica y tiende a crear una percepción errada sobre el abuso a los menores. El criterio se basa en que el individuo que satisfaga sus necesidades con robots con aspectos de niños, tenderá a o pensar que el fenómeno es normal, alejándose cada vez más de la concienciación de su enfermedad, lo cual es el primer paso para superarla. Contrario a la visión anterior está un grupo de personas que consideran que el tener robots para satisfacer sus aberraciones sexuales les evitaría abusar de los infantes e la vida real; tal es el caso de un fabricante japonés de niños robots que padece de pedofilia.

Con respecto a los violadores, igualmente son discutidos los efectos positivos. Para una parte se impone el criterio que es mejor que violen a robots que a humanos, pero sucede algo similar a lo explicado con la pedofilia. El hecho de que un violador altere las percepciones del consentimiento no ayuda a eliminar el problema; por el contrario, confunde aún más al individuo, pues se adapta a una lógica muy distinta a la imperante en la vida real.

En tanto las opiniones académicas están divididas y no logar consensuar una posición firme que delimite las fronteras del empleo de robots con fines terapéuticos para enfermedades sexuales, existen cuatro fabricantes en el negocio. Estos venden los robots en precios que oscilan entre los 5.000 y 15.000 dólares. En la capital británica se planea incluso abrir un café con robots eróticos.

Una opinión concluyente acerca del tema la ofrece la siguiente frase del profesor Patrick Lin, director del grupo de ética y ciencias emergentes de la Universidad Estatal Politécnica de California (Estados Unidos): “Imagine tratar el racismo permitiendo que un fanático abuse de un robot marrón. ¿Funcionaría eso? Probablemente no”.

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