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jueves, 6 de julio de 2017

Los teléfonos inteligentes nos hacen personas “tontas”

Por Gustav98

No es sorpresa para nadie que las nuevas tecnologías están invadiendo todas las facetas de nuestras vidas. Sus efectos se están tornando cada vez más nocivos, lo que está comenzando a preocupar a la comunidad científica internacional. En tal sentido, un equipo de investigadores de la Escuela de Negocios McCombs de la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos, lograron demostrar mediante un estudio a 800 personas como la mera presencia de un teléfono inteligente es capaz de reducir nuestra actividad cognitiva. Dichos resultados levantan varias sospechas ya presentes en el subconsciente de muchos de los usuarios de teléfonos inteligentes, ya que nos hace pensar que nuestra tecno-dependencia está resultando cada vez más un elemento en detrimento de nuestro desarrollo profesional.

La revolución tecnológica de la que hemos sido partícipes, desde tiempos inmemorables, ha sido capaz de afectar las diversas facetas de nuestras vidas. En tal sentido, hoy día nos vemos incapaces de vivir una vida plena sin el empleo de cualquier tipo de tecnología. Por tanto, es más que justa la necesidad de catalogarnos de tecno-dependientes. Sin embargo, las nuevas tecnologías han limitado considerablemente el desarrollo de nuestra propia capacidad cognitiva, debido a que nos estamos acostumbrando a la facilidad del acceso a información y el raciocinio que son capaces de brindar todo tipo de tecnologías: desde las simples tecnologías hasta la Inteligencia Artificial. Con esto en mente, cabría llamar la atención a un estudio publicado en el Journal of the Association for Consumer Research, el cual reveló como la capacidad cognitiva, es decir, de raciocinio, se reduce considerablemente cuando estamos al alcance de un teléfono inteligente.

Pareciera sorprendente y hasta exagerado, pero no es más que la verdad. La necesidad a teléfonos inteligentes que estamos desarrollando nos está haciendo pensar menos y hasta volviéndonos “tontos”, al pensar que todas las respuestas no están en nuestro cerebro sino al alcance de nuestros dedos.

El estudio fue realizado por investigadores de la Escuela de Negocios McCombs de la Universidad de Texas, en Austin, localidad de los Estados Unidos. Adrian Ward, jefe del grupo de investigadores, dirigió un experimento que se centró en 800 usuarios de teléfonos inteligentes. El objetivo de dicho experimento era medir, por primera vez en la historia, la capacidad de raciocinio de las personas a la hora de realizar una lista de tareas lógicas bajo tres situaciones diferentes: la primera cuando tienen los celulares cerca, la segunda cuando los tienen cerca, pero apagados, y la tercera cuando los teléfonos están en otra habitación. El único requisito era que los teléfonos tenían que estar en modo silencio si prendidos.

La prueba como tal consistió en que los participantes se sentaran frente a una computadora de escritorio y realizaran una prueba que les demandaba completa concentración. Estas pruebas estuvieron específicamente realizadas para medir la capacidad cognitiva de estos participantes, en el sentido de poder apreciar como sus respectivos cerebros eran capaces de manejar y procesar los datos a los que se afrontara en ese momento específico y sin interrupciones externas.

Las conclusiones alcanzadas no estuvieron cortas de sorpresas. Los investigadores del estudio arribaron a la conclusión que las personas que habían ubicado el teléfono en una habitación distinta, tenían resultados considerablemente mejores a que aquellos que tenían el teléfono a su alcance. Esto sugiere que, la mera presencia cercana de los teléfonos inteligentes, es suficiente para reducir la capacidad cognitiva, sin importar el nivel de concentración que alcancen las personas. La explicación es simple. Según los investigadores, contrariamente que los participantes no estaban pensando en su teléfono a pesar de su cercanía, el mero proceso de exigirse a sí mismos, a no pensar en estos, utiliza parte de sus recursos cognitivos.

Este tipo de investigación es precisamente el necesario para aportar mayor claridad a los efectos nocivos de las nuevas tecnologías, especialmente en las jóvenes generaciones, quienes han desarrollado un vínculo muy cercano con sus respectivos teléfonos inteligentes, o tabletas, o laptops. Ya se sabe con exactitud que la sola presencia de este tipo de artefactos disminuye la potencia de nuestro cerebro. Ahora depende de las personas, el poder interiorizar estos descubrimientos para mejorar su desempeño estudiantil y profesional y de ser posible, recortar la dependencia tan peligrosa a las nuevas tecnologías.

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