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viernes, 14 de julio de 2017

Los viejos oficios son tendencia en la moda laboral

Por Miguel Darío García

Restaurar, arreglar, crear o remendar están hoy a la orden del día e incluso en muchas grandes ciudades, especialmente en el mundo desarrollado, una nueva generación los está reinventando como carreras bien pagadas y perfectamente aceptables hasta para los más sobresalientes universitarios. Tal fenómeno es protagonizado por jóvenes que pudiendo dedicarse a otra labor optan por no ejercer ninguna de las profesiones que demanda la actual economía, cada vez más basada en el conocimiento y la tecnología y, en su lugar, eligen servir y hacer cosas con las manos. Y esa decisión ha impulsado a que los viejos oficios alcancen un nuevo frescor y prestancia; apareciendo en las zonas urbanas de mayor esplendor barberos, carniceros y cantineros que prometen a sus clientes una experiencia inigualable al estilo “de la vieja escuela”.

El oficio y la profesión buscan el mismo fin: trabajar para satisfacer las necesidades humanas y con ello obtener una remuneración, sin embargo, entre ambos, existe una diferencia técnica. Por lo general, el oficio se relaciona con trabajos manuales y físicos, en donde la persona tiene habilidades específicas para realizar una tarea, que se suele adquirir por tratar directamente con ésta. En cambio, la profesión se obtiene estudiando en universidades o institutos, es decir, cuentan con un respaldo académico, sin que esto signifique que uno sea más que el otro.

Restaurar, arreglar, crear o remendar están hoy a la orden del día e incluso en muchas grandes ciudades. Una nueva generación los está reinventando como carreras bien pagadas y perfectamente aceptables hasta para los más sobresalientes universitarios. Son los jóvenes quienes dicen no a las profesiones que demanda la actual economía y, en su lugar, eligen servir y hacer cosas con las manos. Y esa decisión ha impulsado a que los viejos oficios alcancen un nuevo frescor y prestancia; apareciendo en las zonas urbanas de mayor esplendor barberos, carniceros y cantineros que prometen a sus clientes una experiencia inigualable al estilo “de la vieja escuela”.

El profesor de sociología de la City University de Nueva York, Richard Ocejo, en su libro “Maestros artesanos: viejos oficios en la nueva economía urbana”, también incluye en la lista a los fabricantes de licores artesanales. “En buena medida la reinvención de este tipo de oficios es una respuesta a los cambios del mercado y en el gusto de los consumidores”, expresó el destacado docente. Señala el investigador que se trata de consumidores que buscan productos muy personalizados que les garanticen un cierto tipo de experiencia. Ocejo asegura que los nuevos artesanos “llegan a estas ocupaciones tratando de encontrar algo que los satisfaga intelectual y espiritualmente, menos atraídos por el dinero que por el tipo de gratificación que proviene del trabajo bien hecho”. En cambio, el profesor de estudios urbanos de la Universidad Kings College de London, Phil Hubbard, indica que el fenómeno tiene un marcado matiz idealista, romántico, pues muchas veces estos nuevos artesanos se ven a sí mismos, y se presentan, como los salvadores de las tradiciones, la autenticidad y el pequeño comercio. Aunque advierte el experto que “a menudo se trata de gente de clase media con recursos que está desplazando a las clases trabajadoras o las minorías étnicas que dependen de comerciantes más tradicionales y baratos". Para el catedrático el auge de los viejos oficios significa más que responder a las demandas del mercado una respuesta a un nuevo mercado y agrega con sorna: “y si uno está buscando autenticidad, hay numerosos lugares en los que la puede encontrar en lugares que no cobran US$60 por un corte de pelo o US$25 por un trago”.

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