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lunes, 30 de abril de 2018

El flujo financiero ilícito supone pérdidas millonarias para África

Por mestiza93

Alrededor de 50 mil millones de dólares pierde el llamado continente negro, cada año, debido al flujo financiero ilícito, según advirtió el Banco Africano de Desarrollo (Bafd). El monto de la pérdida es —según confirma Ebrima Faal, director de la oficina de AfDB en Nigeria— aproximadamente igual que la inversión extranjera directa total, e incluso similar a los flujos totales de remesas.

Estas declaraciones se lanzaron durante un taller acerca del papel del Parlamento en el combate contra los flujos financieros ilícitos de África.

Allí el funcionario agregó, no sin suscitar alarma en su audiencia, que la cifra es poco más alta que lo reportado en cuanto a asistencia exterior para el desarrollo. Insistió asimismo en el hecho de que “estas estimaciones pueden ser más bajas que las pérdidas reales”, debido a la inexistencia de datos precisos para todos los países africanos. Al respecto puntualizó que de las cifras se excluyen, por ejemplo, algunas formas discretas de flujos financieros ilícitos, las están excluidas y resultan difíciles de rastrear o estimar. En cuanto a la fiscalización de estos saqueos, el funcionario atribuyó un papel fundamental a los Parlamentos, los que deben incidir en la promoción de la recuperación económica y en el desarrollo sostenible.

¿Por qué se refirió especialmente a los parlamentos? Porque estos cuentan con el mandato constitucional para supervisar al gobierno y obligarlo a rendir cuentas. De ahí que, por lo pronto, como acción inmediata, el Banco Africano de Desarrollo se comprometió a apoyar la creación de capacidades de los parlamentos africanos, en aras de contribuir con el fortalecimiento de su función supervisora, agregó. Casi al final de su intervención, el africano lamentó el impacto negativo del flujo financiero ilícito en las economías africanas, en tanto se reduce la disponibilidad de recursos dirigidos al desarrollo y se destruyen los esfuerzos para encaminar el crecimiento. Ello, a su vez, debilita la confianza de organismos internacionales y posibles inversores en África, particularmente visible en el descenso de la cooperación internacional.

Se trata de un continente que fue saqueado en su máxima expresión y padeció sobremanera la esclavitud. Las secuelas llegan hasta la actualidad y se matizan con gobiernos corruptos que muchas veces no actúan en función del mejoramiento de sus conciudadanos, sino de sus arcas personales.