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domingo, 16 de julio de 2017

Merkel, con su “corazón partío” en Italia

Por Eme

La canciller alemana Ángela Merkel, llegó a Roma, la capital italiana, con la misma convicción que tiene desde 2014, cuando motivó la estabilización de los países que integran el área de los Balcanes occidentales. El objetivo es integrarlos a la Unión Europea, ahora con más apuro luego de la salida de Gran Bretaña del grupo político-económico. Pero al llegar a Italia, la canciller, quien viene agitada por los disturbios del G-20 en su ciudad natal de Hamburgo, le hizo un guiño a la situación de los migrantes en ese país, y de ese modo dio un espaldarazo al primer ministro italiano Paolo Gentiloni.

Ángela Merkel, la canciller alemana, llegó a Roma, la capital italiana, todavía removida por los disturbios que la reunión del G-20 provocara en su ciudad natal de Hamburgo. La Merkel, que era la anfitriona, tuvo que tragarse lo amargo de miles de personas manifestándose en contra de ella, y sus “amigos”, encabezados por el tristemente célebre nuevo mandatario norteamericano Donald Trump. Sin descanso intermedio, Merkel tuvo que viajar a Roma, donde nada relajante la esperó, pues la idea de la visita a Italia es asistir a la cumbre con los países de los Balcanes occidentales, en los que tiene puesto el ojo desde 2014. La diplomática germana necesita con premura que dichas naciones se estabilicen tanto en lo político como en lo económico, para así integrarlas al bloque del euro, más ahora que Gran Bretaña decidió tomar su propio rumbo a cuenta y riesgo. Pero antes del análisis a las pequeñas naciones, que de cierto modo ella gestionará, tuvo un encuentro trilateral con el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni y el presidente francés, Emmanuel Macron. No se dieron demasiados detalles a priori del porqué de la reunión, pero se presuponía que sobre la mesa estaría la crisis migratoria actual, cuya finalidad recae principalmente en esos tres países de Europa, en especial en Roma. Y así fue, Merkel y Macron estrujaron en su pecho a Gentiloni, y le comunicaron al mundo que Italia había realizado un gran trabajo en el rescate de migrantes en el Mediterráneo central y su acogida en las costas italianas.

En una breve declaración a los medios frente al buque-escuela "Palinuro" de la Marina Militar italiana, la Merkel fue tácita, tal cual suele ser. La canciller hizo franca alusión a la crisis migratoria, cuya carrera de aceptación y recogida encabeza Alemania, como una vieja deuda que tienen con la humanidad. Merkel fue más allá, y habló de solidaridad con Italia para esta tarea. Por su parte el primer ministro italiano, Paolo Gentolini, respondió agradecido—cómo no estarlo—y declaró que espera que la gestión de la inmigración sea compartida por toda la Unión y no solo por algunos países. Así lanzó un dardo a todas esas naciones que se hacen de la vista gorda en medio de las crisis, y hacen alusión a las suyas, como si fueran comparables.

Macron por su lado fue autocrítico, reconociendo que Francia no había cumplido bien siempre su parte en esta historia de la emergencia migratoria. En dicha gestión todavía quedan dudas, pero ahora aseguró que lo harán, con un "espíritu de humanidad". “Francia hará su parte", prometió el recientemente elegido presidente francés, aunque esclareció que es necesario distinguir a los migrantes que tienen derecho a asilo político de aquellos que viajan a Europa por razones económicas. "Son dos realidades distintas y no cederé ante este espíritu de confusión imperante", concluyó en Roma. En fin, todos hablaron desde su altura y acto seguido, se enrumbaron hacia Trieste, para “ayudar” a los gobiernos de Albania, Bosnia, Kosovo, Macedonia, Montenegro y Serbia, en pos de integrarlos al bloque. También participarán representantes de los Gobiernos de Croacia, Eslovenia, Austria, Francia, Alemania e Italia. Merkel, a la cabeza de Europa, quiere más, aunque antes, hiciera el teatro de los migrantes y jugara a tener “el corazón partío”.

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