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miércoles, 16 de agosto de 2017

Trump se hace el sueco con los supremacistas blancos

Por Eme

La violencia interracial volvió a tomar las calles de Estados Unidos, específicamente en el estado de Virginia, este fin de semana, y cuando todos pensaron que el presidente norteamericano Donald Trump respondería con firmeza ante estos crímenes de odio, se hizo el sueco. Un presidente que no piensa demasiado a la hora de hablar, se tomó demasiado tiempo para pronunciarse al respecto, y luego someramente hacerle frente. Por supuesto, las fuertes críticas a su postura llovieron, incluidas las de su contrincante de campaña, Hillary Clinton. En los enfrentamientos interraciales hubo un total de 20 heridos, y una activista fallecida, luego de ser atropellada por un auto.

Las imágenes de Charlottesville, Virginia, este fin de semana, remiten a aquellas de la década del 50 en las calles norteamericanas cuando los enfrentamientos interraciales eran un hábito. Los supremacistas blancos volvieron a tomar las calles de este país, siempre dividido por crímenes de odio, y una contra manifestación por la igualdad de derechos y en contra del odio le salió al paso, pero un automóvil del lado supremacista embistió contra algunos manifestantes, saliendo heridas cerca de 20 personas, y fallecida la asistente legal y activista, Heather Heyer. Heyer por cierto, era blanca. Frente a todo ello, se esperaba que el mandatario Donald Trump respondiera con firmeza ante estos crímenes y actos de violencia, pero apenas hizo una mera mención, someramente. Se hizo el sueco ante hechos muy condenables. Por supuesto las críticas no dejaron de llover. La primera de ellas, de su competencia en la carrera por la presidencia, la demócrata Hillary Clinton. ¿Qué dijo Trump, el mismo que no se las piensa mucho para hablar y esta vez sí se lo pensó? Pues condenó en los términos más claros la escandalosa manifestación de odio y fanatismos que se sucedieron en varios lugares de la nación. Solo eso, no hizo énfasis en la extrema derecha, no hizo referencias directas a ninguna organización, sabiendo los culpables.

El vicepresidente, Mike Pence, sí fue más específico, haciendo alusión a los supremacistas, neonazis o KKK (Ku Klux Klan). Pero que el mandatario fuera tan débil en su condena fue suficiente, la gente esperaba por Trump no por Pence, sobre todo cuando los ultranacionalistas se enfrentaron a golpes con los manifestantes que se oponían a la marcha, que buscaba defender al general confederado y pro esclavista Robert Lee. Lee, tenía una estatua en el centro de esta localidad y sería removida. La violencia manchó las calles de sangre, un viejo mal remueve las raíces de la unión. ¿Qué dijo de esto la ex candidata presidencial Hillary Clinton? La Clinton fue directa. «Cada minuto que permitamos que esto persista a través del apoyo tácito o falta de acción es escandaloso y corrosivo a nuestro valores», decía. Otra líder demócrata, Nancy Pelosi, decía que la referencia del presidente sobre violencia de “muchos lados” ignoraba la vergonzosa realidad actual de la supremacía blanca en Estados Unidos. Por supuesto, el otrora mandatario y primer negro en la Casa Blanca, Barack Obama, también ripostaría en las redes sociales, en Twitter con una frase de Nelson Mandela. Los demócratas defienden la idea de que Trump no fue tan directo porque es una parte fuerte del apoyo que tuvo en su campaña presidencial.   

Aunque pueda parecer que fue un ajuste de cuentas de la bancada contraria, desde el lado republicano, las críticas a Trump tampoco faltaron. El republicano por Colorado, Cory Gardner le dijo que llamara a la maldad por su nombre, y le indilgó el nombre de terrorismo interno a lo que hicieron los supremacistas blancos. Marco Rubio, ex candidato presidencial, y senador por Florida, también hablaría de la importancia de que el pueblo de Estados Unidos escuchara de boca de su presidente una condena muy fuerte, y una narración de los hechos como lo que eran, terrorismo dentro de casa. Mientras el gobernador de Virginia, Terry McAuliffe, advertía que a los supremacistas no los querían ahí.